domingo, 6 de marzo de 2016

544 Km a lo Thelma y Louise




No, ningún hijo de puta quiso violar a la Xiqueta ni yo le pegué dos tiros a ningún cabrón animal. Ni nos persiguió la poli, ni nos tiramos por ningún precipicio.

Pero sí éramos dos mujeres viajando con nuestras gafas de sol en un coche, huyendo de un vivir malsano en el que dirécta e indiréctamente nos hemos visto envueltas por alguien que ha hecho mucho daño, muchísimo, damasiado.

Y al igual que en la película La Xiqueta se portó como una Thelma intentando que desapareciera mi tristeza. Sólo que en vez de atracar un comercio a punta de pistola se conformó con ir poniendo canciones y canciones hasta que fue a dar con una antiquísima canción que de tantos años hace que no oía que era imposible que pudiese asociarla a ningún recuerdo con él.

Era entonces la época de la inocencia, de la esperanza, de la inconsciencia y la alegría de vivir. Yo la cantaba y bailaba siempre. Luego pasaron los años, la olvidé. Y ayer de pronto la Xiqueta la hace sonar en el coche y al observar mi agradable sorpresa - sólo con las primeras notas la recordé -, le da toda la caña al volumen y empieza a cantar.

-Es chula – dice mientras mueve sus brazos al compás.

Y al final lo consigue. Logra esa muchacha de color naranja que es de lo mejor que uno puede encontrarse en la vida, que cante.

Después de meses de silencio absoluto en mis cuerdas vocales, de imposibilidad física o mental o ambas cosas a la vez, ayer canté. Canté con ella en un coche a lo Thelma y Louise.

Y ella, viendo el resultado, puso la canción cuatro veces. Ayer la Xiqueta y yo cantamos en el coche.

Ahí os dejo la canción que consiguió el milagro. No, el milagro lo consiguió ella. Porque ella en sí ya es un milagro.


https://youtu.be/aa-NtA22sHc

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